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Entrevista a Adam Przeworski

Przeworski es un tipo que hay que leer, entender y volver a leer, porque es probable que lo que entendiste no sea todo lo que te estaba diciendo. Su concepción de la democracia es tan rica y tan compleja que cualquier institucionalista de los que solemos leer y hasta a veces venerar dentro de la Historia Económica se debería sentir chiquito al lado de este señor.

Les dejo esta entrevista a que le hicieron en su visita a Uruguay para dar una charla sobre los 30 años de restauración democrática, a propósito de su concepción del concepto de democracia y su complejidad. Salú!

Politólogo Adam Przeworski: La democracia es un sistema en el que “los partidos de gobierno pierden elecciones”

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Acemoglu & Robinson vs Piketty: el nuevo debate

Ya sabemos que a AR son excelentes en lo que hacen: marketing. Su estrategia principal desde hace un tiempo es generar debates, a partir de sus libros o a partir de los de otro. En este caso le tocó a Piketty, como no podía ser de otra manera, siendo que se está robando todo el protagonismo.
Les dejo por acá el paper que escribieron discutiendo El capital en el SXXI y por acá la respuesta de Piketty que parece que aceptó el guante y se puso a discutir.
También está este interesante poscast con el mismísimo Acemoglu hablando del tema.

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Por si no vieron este enlace… El debate Boudreaux – McCloskey a pleno

http://oll.libertyfund.org/pages/mccloskey

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Si vos decís Dani…

“Los verdaderos héroes de la economía mundial -los modelos de rol que otros deberían emular- son los países a los que les ha ido relativamente bien con desequilibrios externos menores. Países como Austria, Canadá, Filipinas, Lesoto y Uruguay no pueden igualar a los líderes del crecimiento mundial, porque no se endeudan en exceso ni sostienen un modelo económico mercantilista. Sus economías no tienen nada de especial y no ganan muchos titulares. Pero sin ellos, la economía global sería aún menos manejable de lo que ya es hoy.”

http://www.uypress.net/uc_46229_1.html

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Robert W. Fogel (1926-2013)

Hace unos días, a raíz de la muerte de Fogel escribí una pequeña reseña para AUDHE de la importancia de su obra. La comparto con ustedes. 

 

Robert William Fogel (Nueva York, 1926 – Oak Lawn, Illinois, 11 de junio de 2013)

La trayectoria académica de este historiador y economista estadounidense, comienza en la Universidad de Cornell, donde se graduó del primer ciclo en 1948, centrando su área de investigación especialmente de los factores que determinan las etapas de crecimiento y crisis. En la Universidad de Columbia obtuvo la licenciatura con la presentación de la tesis The Union Pacific Railroad (1960), la que trata sobre el papel desempeñado por los ferrocarriles en el crecimiento económico estadounidense del siglo XIX; en 1964, publica Railroads and American Economic Growth: Essays in Econometric History, trabajo que da continuación a sus estudios en el tema.

Las investigaciones de Fogel nunca estuvieron excentas de polémica, sus trabajos sobre el papel del ferrocarril fueron controversiales, ya que afirmaban que los mismos no habían sido determinantes en el proceso de desarrollo estadounidense, contrario a lo que la mayor parte de la literatura de referencia por aquel entonces sostenía.

En 1963 se doctoró en la Universidad Johns Hopkins bajo la dirección de Simon Kuznets, quien sería una gran influencia en la carrera de Fogel, incentivándolo en el uso de las técnicas cuantitativas en su trabajo. Entre 1960 y 1964 fue profesor ayudante en la Universidad de Rochester, desde 1964 a 1979 en la Universidad de Chicago, y entre 1975 y 1981 en la Universidad de Harvard.

El papel de Robert Fogel en la incorporación de los métodos econométricos al análisis en Historia Económica lo posiciona como uno de los autores más influyentes de la segunda mitad del Siglo XX en la disciplina. “Fogel hizo un número de importantes innovaciones en la naturaleza de la investigación histórica que fueron, entre otras, la definición operacional del ahorro social, la utilización de ejemplos contra factuales de manera explícita, el uso de modelos económicos para calcular lo que hubieran sido los costos calculados por un agente racional y, por último, la selección y comprobación de hipótesis sobre el mundo real que estaban sesgadas en contra de sus hallazgos principales.” (Kalmanovitz, 2004)

En 1974 publicó junto con Stanley Engerman los dos volúmenes de “Time in the Cross: The Economics of American Negro Slavery”, libro que provocó una gran polémica ya que sus hipótesis cuestionaban las visiones historiográficas más aceptadas con respecto a la esclavitud. Los principales hallazgos de su investigación fueron que, contrario a lo que se afirmaba, la esclavitud no estaba en decadencia en 1861 en EE.UU, y que, por el contrario, las plantaciones de algodón eran, en general, rentables, estaban relativamente bien gestionadas, y no había señales que el sistema esclavista no pudiera sostenerse por un tiempo indefinido. Por otra parte, encuentran que los esclavos de las plantaciones de algodón del sur, gozaban de niveles de vida mejores bajo el régimen esclavista que los obreros industriales del norte, no producto de la “bondad” de los dueños sino por una mera cuestión de beneficio propio: el esclavo bien mantenido es un esclavo más productivo.

Esta segunda afirmación sirvió a muchos para acusar a Engerman y a Fogel de ser racistas, a pesar de que ambos autores consideran que la primera de las hipótesis probadas en su trabajo es la verdaderamente importante, y que la segunda hipótesis lo que contribuía era a hacer cambiar el ángulo del debate sobre la importancia de la Guerra Civil, de la personalidad de Lincoln en ese proceso y del propio papel de los esclavos en la lucha por abolir la esclavitud, dejando de centrar el foco en las visiones tradicionales que afirmaban que fue un problema de caída de los beneficios de la institución lo que la llevó a su fin.

“Time in the cross”, más allá de la polémica que desató su publicación, representa un cambio en la forma de concebir el análisis de ciertos fenómenos, tanto en términos económicos como históricos. El pensar los procesos desde los actores, sus mentalidades y sus formas de ver el mundo, y no considerarlos agentes racionales que ordenan sus preferencias de forma completa, es una parte de la innovación que la obra de Fogel le aporta al análisis económico.

En 1993 recibió el Premio Nobel de Economía, junto a Douglas C. North, por su aplicación de los métodos cuantitativos al estudio de la Historia Económica.

En los últimos años de su carrera se dedicó principalmente a la demografía y a estudiar cómo los estándares de vida, principalmente lo relacionado con la nutrición, afectan la vida de las personas. Su extenso estudio sobre Inglaterra, que combina medicina, psicología, demografía, economía, historia y estadística le ganaron el título de “el primer académico interdisciplinario” por parte del profesor Robert A. Margo.

En 2011 publicó junto con tres coautores (Roderick Floud, Bernard Harris y Sok Chul Hong), la que sería la obra culmine de su carrera: “The Changing Body: Health, Nutrition and Human Development in the Western World Since 1700”, estudio que llevara décadas en su elaboración.

Entre sus principales obras se cuentan: The Union Pacific Railroad: A Case in Premature Enterprise (1960), Railroads and American Economic Growth: Essays in Econometric History (1964), Which Road to the Past? Two Views of History (1983, escrito en colaboración con Geoffrey Elton), Without Consent or Contract: The Rise and Fall of American Slavery, (2 volumes, 1989, escrito en colaboración con Stanley Engerman). Economic Growth, Population Theory and Physiology: The Bearings of Long-Term Processes on the Making of Economic Policy (1994), The Slavery Debates, 1952-1990: A Retrospective (2003).

Con una carrera de 60 años en la disciplina, con más de 90 papers y 22 libros publicados, Fogel es una referencia ineludible para quienes cultivan la Historia Económica. Su obra conlleva un esfuerzo por tender puentes entre las dos disciplinas de las que la alimentan, y sobre todo, buscando adaptar los métodos cuantitativos al estudio de la misma. Huelga decir lo importante que es su trabajo en este sentido, el hecho de haber sido galardonado con el Premio Nobel por su contribución a la cliometría habla por sí solo.

Tres lecciones nos deja la obra de Fogel: la primera de ellas, que es posible ser riguroso en el método sin olvidarse de la historia (y viceversa); la segunda, es la necesidad de tender puentes entre disciplinas para poder comprender en forma cabal los procesos de desarrollo, y, por último, pero no por ello menos importante, la obra de Fogel nos enseña que los efectos de los procesos históricos pueden ser muy distintos de los moral o políticamente esperados, y que juzgarlos en esos términos, muchas veces nos lleva a perder capacidad comprenderlos.

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Sobre congresos y otras yerbas… (en respuesta a José Alejandro Peres Cajías)

(Siempre quise escribir una cosa como ésta, desde que leí el debate entre Miliband y Poulantzas hace añares, probablemente en otra vida inclusive. De más está decir que esto tiene la mitad de la complejidad que aquello, pero bueh, uno hace lo que puede… ¿cómo era que decía?… ah! sí: “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”… creo que era algo así que rezaba la cita)

Estimado José,

Primero que nada, querido amigo, quisiera agradecerte, ya que nunca nadie citó algo que yo haya dicho y/o escrito, por lo que espero que los índices de citaciones sean generosos al mostrar este incremento en un 100% de mis citas que me has proporcionado con tu post.

No obstante lo anterior, y como toda cita no literal de un texto o, en este caso, de un comentario, la misma va cargada de una valoración interpretativa con la cual me permito discrepar.

Argumento mi discrepancia: No considero que los congresos de HE sean inútiles, muy por el contrario, mi “molestia” para con el congreso chileno en particular (que fue el que motivó el comentario), y con otros congresos latinoamericanos en general, deviene de que considero que los congresos son de las cosas más importantes que podemos tener en este proceso de permanente construcción del conocimiento científico. Es sencillo entender algo así con un ejemplo, entre otras cosas, a ti te conocí en un congreso, como a tantos otros de los que participan de este blog. Sin la gloriosa Summer 2010 nada de todo lo que hemos conversado y compartido sobre nuestros trabajos y nuestras vidas habría existido. Este espacio no existiría sin los congresos.

En congresos también he tenido la oportunidad de escuchar a gente muy encumbrada dentro de la disciplina, entre ellos, a algunos de los autores de los papers que refieres en tu respuesta a mi comentario.

¿Cómo entonces podría pensar que los congresos son inútiles? Imposible querido amigo, sencillamente imposible.

Mas aún, debido a que considero que son una instancia invaluable dentro de nuestra formación como académicos es que me siento en la obligación de plantear, aunque más no sea a través de un comentario en este foro, mi descontento ante eso que denominé en el mismo como “miopía epistémica”.

Permítaseme por un instante desarrollar este punto, el cual, lejos de argumentar en su contra con las recomendaciones de papers que hiciste, creo que estás llevando agua para mi molino. No leí los textos, sólo miré por arriba de lo que tratan. De cualquier forma, recomiendas un par de artículos que “marcan la cancha” (creo que esa es la expresión que usaste) sobre qué es lo que se hace en HE hoy en día.

Más allá de que puedan ser o no exhaustivos en su formulación (repito: no los leí), creo que el problema pasa porque alguien considere que lo que estos señores, con todo el respeto que me merecen todos, son los que marcan la cancha en lo que se hace en términos de una disciplina. Éstos y cualquier otro que venga a decir qué es lo que está bien, qué es lo que está mal, qué es lo que se debe y qué es lo que no se debe considerar “hacer historia económica”, da lo mismo de dónde provengan. ¿Por qué me molesta esto? Sencillo, porque los que cortan el bacalao, esos que marcan qué es lo bueno, lo justo y lo correcto, responden en muchos casos a intereses netamente particulares, no sólo personales, sino también de las instituciones a las cuales pertenecen. Marcar la agenda es una forma de aparataje, no se necesita haber pasado por 5 años en Ciencia Política para saberlo.

Éstos, que me dicen qué es lo que se estudia en HE, son los réferis “anónimos” las revistas, las publicaciones de las revistas (y en qué revistas lo hagas) es la forma, como ya sabemos, de evaluar nuestros trabajos –podemos estar de acuerdo o no con ello, pero es el método que se impone-. Ellos son también los que te admiten en los congresos, dándote o no la oportunidad de compartir tú trabajo y de enriquecerte de las miradas de otros sobre lo que estás haciendo, por lo tanto, son los que deciden, de alguna forma, si vas a tener una carrera o no dentro de la disciplina.

Me dirás, eso existe y ha existido siempre en todos los órdenes de la vida. Sí amigo, no soy tan naive como para no saber eso. Tengo claro que así funciona el mundo, lo cual no implica que no me moleste.

Mi problema pasa porque si unos cuantos de esos deciden que hacer HE es estudiar las cinco líneas de investigación que plantean como “lo que se estudia en la actualidad” como se dice en la convocatoria del congreso chileno, y en ellas no se contemplan un montón de líneas de investigación consagradas dentro de la disciplina (la cual por cierto la hacen sus métodos y su objeto, no lo que 4 o 5 vengan a decir que les gusta leer), entonces atentan contra mi libertad, no sólo para estudiar lo que quiera, sino también contra mi propia carrera.

¿Estoy siendo extremista? Quizás… tu sabes que no me caracterizo por ser muy amante de los grises, pero este tipo de actitudes las veo en más de un ámbito en los últimos tiempos, y cada vez me alarma más que se tome como algo dado, como si fuera natural que las cosas deben ser así.

Llegué a esta disciplina huyendo desde una en la que “si lo hace fulano entonces está bien, si lo hace mengano, no es ciencia”, me quedé en ella porque me gusta investigar y porque creo que tenemos mil cosas para aportarle al conocimiento científico desde la misma. Creo que tenemos un mundo por delante de cosas por decir, y por sobre todas las cosas, creo que la Historia importa, y la Historia Económica mucho más, pero me enoja profundamente que nos “corten las patas” porque a algún ser encumbrado (ya sea por su trabajo, por el simple paso del tiempo, o porque el que pega primero pega dos veces) venga a decir que se debe o no considerar un tema a “investigar en HE”.

Porque esos seres son los que te rechazan los artículos en una revista porque no usas tal o cual método, o son los que te tiran para atrás una ponencia en un congreso, o te comentan las mismas con la liviandad que da el “yo ya fui y vine 10 veces antes que vos” sin haberse tomado 10 minutos para revisar si lo que decís es o no acertado, o son los que no te avalan un proyecto de investigación porque no usa tal o cual marco teórico… podría seguir con una larga lista, que incluyera las cartas de recomendación, las tutorías, el acceso a las becas o a la financiación de proyectos, entre tantas otras, y cualquiera de esas cosas que menciono son, no sólo lo que nos gusta hacer (se supone) y lo que nos enriquece como profesionales, en algunos casos también son lo que nos da de comer y nos hace pagar las cuentas todos los meses, por lo tanto, discúlpame si me molesta cuando a nadie se le mueve un pelo ante estas cosas, cuando tu, que sos mi amigo y me conocés bastante, lees en mi comentario que considero que los congresos no sirven para nada, pero mi intención fue hacer notar que con este tipo de actitudes, no sólo nos están marcando la cancha, sino también una parte importante de nuestras vida.

Lucharla, claro que sí. No ser condescendiente y no dejar de decir las cosas cuando te rompen los ojos, es una forma de hacerlo, aunque haya pasado un poco de moda, o aunque no vaya a cambiar nada.

Abrazos yoruguas a la distancia,

S.

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