¿Cómo le ha ido a la “clase media” en Uruguay ?

En Uruguay estamos en pleno proceso eleccionario y en primera vuelta las urnas han favorecido al partido de gobierno. Comparto aquí una columna que se publicó en Revista Brecha el 10 de octubre que, creo, ayuda a comprender por qué:

 

Pretender descifrar cómo le ha ido a la “clase media” plantea, desde el inicio, una serie de problemas. Para mencionar sólo dos, ¿cómo le ha ido en qué sentido?, y ¿de qué hablamos cuando hablamos de “clase media”? Aquí me voy a concentrar en una esfera limitada como es la del ingreso de los hogares, lo que brinda además un criterio de definición: son hogares de clase media aquellos que cuyos ingresos los ubican “en el medio”. Limitarse a una definición basada en el ingreso supone dificultades relevantes –sobre las que volveré al final de la columna-, pero tiene la ventaja de delimitar un área sobre la que se pueden señalar algunos hechos más o menos objetivos que colaboren, por lo menos, a clarificar la discusión, y que permitan distinguir lo que es opinable de lo que no lo es.

Hace casi diez años el Frente Amplio asumió el gobierno con un mandato claro respecto a la necesidad de combatir la pobreza y avanzar en la construcción de una sociedad menos desigual. Ambas cosas pueden lograrse a la vez si se produce un crecimiento pro-pobre, esto es la combinación de crecimiento en el ingreso medio con redistribución progresiva. Y ello fue lo que ocurrió en Uruguay en los últimos años. Según informa el INE, entre 2006 y 2013 el ingreso de los hogares uruguayos creció un 42% en términos reales, o lo que es igual, a una tasa acumulativa anual del 5,2%[1]; en tanto los hogares bajo la línea de pobreza pasaron del 24,2% al 7,8% del total. Esta mejora en la pobreza se vio facilitada por una caída en la desigualdad de ingreso que, medida por el índice de Gini, se redujo de 0,455 a 0,384, un cambio nada desdeñable[2]. ¿Pero cómo afectó esta reducción de la desigualdad a la clase media?

El incremento de la participación en el ingreso total de los hogares de menores ingresos supone necesariamente una reducción de la participación de los hogares con ingresos superiores. Sin embargo, éstos pueden ser hogares de ingresos altos o medios. El Cuadro 1 ilustra estas posibilidades. Partiendo de una distribución cualquiera, que en nuestro ejemplo es la que tenía Uruguay en 2006, puede arribarse a diferentes escenarios de menor desigualdad. En el escenario 1, los hogares de los tres primeros deciles incrementan su participación en el ingreso total “a costa” de los hogares de los deciles cinco a ocho -que la reducen-, mientras el 20% de los hogares de mayores ingresos –deciles nueve y diez- mantienen su participación constante. En el escenario 2, los tres primeros deciles incrementan su participación, los deciles cuatro a ocho se mantienen igual que en el punto de partida, y son los últimos dos deciles los que “pagan” la reducción de la desigualdad. Finalmente, en el escenario 3, los ocho primeros deciles incrementan su participación y los dos últimos la reducen.

Cuadro 1: Participación de cada decil en el ingreso total en diferentes escenarios de reducción de la desigualdad
Punto de partida Escenario 1 Escenario 2 Escenario 3
Decil 1 2 3 3 3
Decil 2 4 5 5 5
Decil 3 5 6 6 6
Decil 4 6 6 6 7
Decil 5 7 6 7 8
Decil 6 8 7 8 10
Decil 7 10 9 10 11
Decil 8 12 11 12 12
Decil 9 16 16 15 14
Decil 10 32 32 28 24
Gini 0,41 0,37 0,34 0,29
Fuente: Elaboración propia

Como el cuadro 1 permite apreciar, el saber que entre 2006 y 2013 se redujo la pobreza y la desigualdad nada nos dice a priori sobre quién vio mermar su participación en el ingreso total. Pudieron haber sido tanto los sectores medios como los altos los que hayan salido “perjudicados”[3] por el estilo de crecimiento pro-pobre que se observó en el país. De modo que vale la pena preguntarse sobre cómo le ha ido a la clase media en estos años.

La caída del índice de Gini se explica porque el ingreso creció a diferentes velocidades para hogares con distinto nivel de ingreso, dando lugar a una nueva estructura de la distribución por deciles. En el Cuadro 2 se presenta la participación de cada decil en el ingreso total en 2006 y 2003 (columnas 1 y 2), la tasa de variación anual del ingreso (columna 3) y la variación acumulada en el período (columna 4), el ingreso medio de los hogares por decil en 2006 y 2013 –expresado en pesos de 2013- (columna 6), y los resultados de una ejercicio contrafactual en que se estimó el ingreso medio por decil en 2013 suponiendo que la mejora de la desigualdad no se hubiera producido, y que cada decil hubiera captado en 2013 la misma proporción del ingreso total que captó en 2006 (columna 7).

Cuadro 2: Indicadores relativos a la evolución de los ingresos y su distribución por deciles en Uruguay entre 2006 y 2013
Participación en el ingreso total Tasa de variación anual Variación del período Ingreso medio por hogar (pesos de 2013)
2006 2013 2003-2013 2003-2013 2006 2013 2013
Contrafactual*
 Deciles (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7)
1 2% 3% 9,90% 94% 7.216 14.016 10.278
2 4% 5% 9,00% 83% 11.480 21.024 16.352
3 5% 6% 8,50% 77% 14.761 26.163 21.024
 4 6% 7% 7,70% 68% 18.041 30.368 25.696
5 7% 8% 7,10% 62% 21.649 35.040 30.835
6 8% 9% 6,80% 59% 25.913 41.113 36.908
7 10% 10% 6,10% 51% 31.161 47.187 44.383
8 12% 12% 5,60% 46% 39.033 56.998 55.596
 9 16% 15% 4,50% 36% 52.482 71.481 74.751
10 32% 26% 2,10% 16% 106.276 122.872 151.371
Total 100% 100% 5,20% 42% 32.801 46.719 46.719
(*) Estimación del ingreso medio por decil de los hogares suponiendo que no se hubieran producido cambios en la desigualdad, esto es mantenido constante la distribución por deciles del año 2006 (columna 1)
Fuente: Calculado en base a datos publicados por el INE

 

Del cuadro surge con claridad que, como ya señalamos, durante el período se observó un crecimiento pro-pobre, esto es, que benefició a los sectores de menores ingresos en una proporción mayor que al conjunto. Efectivamente, mientras el ingreso medio creció en algo más del 40%, el de los dos primeros deciles estuvo cerca de duplicarse en el mismo período. En el otro extremo, los hogares cuyo ingreso los ubicaba en el último decil, se vieron perjudicados por la reducción de la desigualdad. En su caso el ingreso también creció, pero lo hizo a una tasa que fue menos de la mitad del promedio, por lo que su ingreso aumentó “sólo” un 16% en todo el período[4].

¿Pero qué decir de la “clase media”?

Desde el punto de vista del ingreso, parece razonable sostener que un hogar de clase media será aquel que se ubica en torno al ingreso mediano, es decir que hay tantos hogares con ingresos inferiores como hogares con ingresos superiores a él. El hogar con ingreso mediano se ubicaría entre los deciles 5 y 6. Parece claro que para ellos la reducción de la desigualdad también tuvo un efecto beneficioso, ya que su ingreso creció en el entorno al 7% anual, una tasa superior al promedio, lo que les permitió incrementar su ingreso en una cifra cercana al 60% para todo el período. Si la reducción de la desigualdad no se hubiera producido, en 2013 su ingreso hubiera sido  entre un 10% y un 15% inferior. Pero incluso hogares con ingresos claramente superiores al ingreso mediano, como los de los deciles 7 y 8, salieron gananciosos del proceso de reducción de la desigualdad. De hecho, como muestra el ejercicio contrafactual (Cuadro 2, columna 7) el 70% de los hogares –los siete primeros deciles- hubieran tenido en 2013 un ingreso inferior de no haberse producido la reducción de la desigualdad. Respecto al 30% de mayores ingresos, sólo del último decil puede decirse que fue perjudicado por la mejora en la distribución, en tanto los ingresos de los hogares ubicados en los deciles 8 y 9 se vieron poco afectados por el proceso redistributivo, ya que crecieron a un ritmo similar al promedio. En suma, lo ocurrido entre los años 2006 y 2013 se asemeja más bien al tercero de los escenarios presentados en el Cuadro 1.

Parece claro, entonces, que para cualquier definición razonable de clase media en que el nivel de ingresos tenga un lugar importante, este sector no sólo no “pagó” la reducción de la pobreza, sino que se vio beneficiado por la reducción de la desigualdad, aunque en un grado menor que los hogares más pobres. ¿Cómo explicar entonces que se siga sosteniendo que la clase media no fue beneficiada –o que incluso fue perjudicada- por el estilo de crecimiento pro-pobre de los últimos años? Una posible respuesta radica en el hecho de que para que un hogar se ubique en el noveno, o incluso décimo decil, no se requiere, ni mucho menos, que sus integrantes sean “ricos”. Una pareja de profesionales, pequeños empresarios, empleados bien remunerados –como los bancarios-, o profesores universitarios, acumulan un nivel de ingresos suficiente para ubicar su hogar en el 20% o 10% de la cúspide, aunque ellos no lo perciban. Por su conciencia de no ser ricos y su estilo de vida suelen considerarse miembros de la clase media, como si hubiera tanta gente con ingresos superiores a ellos como los hay con ingresos inferiores. Pero no es así, no los hay.

[1] Se trata de una magnitud similar a la del PIB, que creció en esos años al 5,7% anual.

[2] Utilizamos los datos publicados por el INE. El Instituto de Economía (IECON)de la FCEA-UDELAR, calcula la distribución del ingreso mediante una metodología diferente, lo que conduce a un resultado algo distinto en el valor del índice, pero con una caída de similar magnitud.

[3] En realidad hay buenas razones teóricas y empíricas para sostener que vivir en una sociedad con desigualdad moderada es mejor para todos.

[4] Por otra parte, y dada la experiencia histórica del país, un crecimiento del 2,1% acumulativo anual no es despreciable.

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The microeconomics of structural change: recent Industrial Organization tools and topics

Hola! Escribí una entrada para el Blog de la Summer School de CEPAL (http://edgedebate.weebly.com/) y quería aprovechar a compartirla con ustedes, de paso a ver si reactivamos un poco el blog que creo que solo Javier estaba activo ultimamente.

http://edgedebate.weebly.com/uploads/2/5/7/1/25713546/20.10.14_-_the_microeconomics_of_structural_change_-_sebastin_fleitas.pdf

abrazo!

seba

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Dime a qué quintil perteneces y te diré cuánto pollo comes. Ingreso por quintiles en Chile y Uruguay

Motivado por el comentario de Pseudoerasmus a mi post anterior, agrego aquí una comparación entre los ingresos de Chile y Uruguay según dónde se ubique uno en la distribución.

Conocido es el cuento de que si un niño come un pollo, y otro no come nada, en promedio cada niño ha comido un pollo; pero la verdad es que uno tiene hambre y el otro no. Por eso importa estudiar la desigualdad.

De hecho, si miramos el Ingreso Nacional per cápita de Chile y Uruguay en 2011 (a dólares PPP), vemos que los chilenos comen más pollo que los uruguayos, es decir que su ingreso medio era mayor (Gráfico 1)

Ingreso Nacional per cápita en Chile y Uruguay en 2011.

Dólares PPP

GNI pc Chile Uruguay año 2011 dolares PPP 2011

Fuente: Banco Mundial

Ahora bien, como sabemos, Chile es un país más desigual que Uruguay. Efectivamente, según la base de datos de SEDLAC, el coeficiente de Gini del país trasandino (visto desde el Atlántico) era en 2011 de 0,508, y el de Uruguay de 0,433. Así que, aunque los chilenos coman más pollo en promedio cabe preguntarse ¿cuánto pollo come la clase media de cada país? Según la misma fuente, el quinto decil tiene en Chile un ingreso igual al 54% del promedio, mientras en Uruguay es del 68%, de ahí que el ingreso medio en el quinto decil sea superior en este último caso (Gráfico 2)

Ingreso en el quinto decil en Chile y Uruguay. Año 2011. Dólares PPP.

Ingreso del quinto decil Chile y Uruguay año 2011 dólares PPP 2011

Fuente: Calculado a partir de Banco Mundial y SEDLAC

Y lo anterior valdría para todos los quintiles, exceptuando el último, claro (Gráfico 3)

Ingreso por quintil en Chile y Uruguay. Año 2011. Dólares PPP.

Ingreso por quintiles Chile y Uruguay año 2011 dólares PPP 2011

Fuente: Calculado a partir de Banco Mundial y SEDLAC

En suma, que si estos cálculos están bien (que los hice un poco a las apuradas, a decir verdad) aunque en Uruguay se coma menos pollo, lo cierto es que el 80% de los orientales tienen la barriga más llena que sus colegas chilenos. Y eso que, más allá de los importantes avances que en materia de desigualdad ha tenido mi país en los últimos años, aún está lejos de ser un país igualitario según standard OCDE.

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Pasado y Futuro de Los Dueños de Chile

(Publicado en Revista Brecha, Montevideo, 27 de junio de 2014)

A inicios de 2007 la revista inglesa The Economist señalaba que Uruguay podría convertirse en el Chile del futuro, pero para ello debía elegir: el capitalismo dinámico del país trasandino era incompatible con el igualitarismo que los uruguayos parecían apreciar[1]. Si el crecimiento económico efectivamente requiere renunciar al igualitarismo, en ningún modo es algo probado –las formulaciones teóricas más recientes tienden a señalar lo contrario- pero lo que sí está claro es que el modelo de crecimiento instaurado por los Chicago boys durante la dictadura del General Pinochet hizo de Chile uno de los países más desiguales del mundo. De los 134 países para los que el Informe de Desarrollo Humano 2013 presenta datos de distribución del ingreso, Chile ocupa el 18º lugar en materia de desigualdad[2]. Ese nivel de desigualdad se explica en parte por la extrema riqueza de los muy ricos: si analizamos la magnitud de las grandes fortunas en relación al tamaño de su economía, la situación es aún peor[3].

América Latina constituye la región más desigual del mundo y muchas opiniones ubican los orígenes de tal situación en la historia profunda del continente. Así, se sostiene, durante la dominación colonial se implantó un entrado socio-institucional que cristalizó la situación de extrema desigualdad generada por la conquista. A partir de entonces, las elites habrían conseguido perpetuar su situación privilegiada, algo que se vería reforzado luego de la Independencia, cuando pudieran tomar en sus manos el control de los nuevos Estados[4]. A primera vista, Chile encaja perfectamente en este modelo explicativo[5]. El poder incontestado de la elite chilena desde el siglo XIX constituye un tema clásico de la historiografía de ese país. Las características aristocráticas de su sistema republicano de gobierno llamó la atención de un politólogo norteamericano a principios del siglo XX, para quien se trataba de un caso en el mundo, sólo comparable a la Gran Bretaña del siglo XVIII. Un poco antes, a fines del siglo XIX, Eduardo Matte Pérez –quién fuera Canciller- reconoció, en un ejemplo de honestidad intelectual difícil de observar en la actualidad, que “los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”. En el presente sus bisnietos Eliodoro, Bernardo y Patricia Matte, se encuentran entre los 14 chilenos con fortunas mayores a 1.000 millones de dólares –un promedio de 2.500 millones cada uno.

Sin embargo, la historia es cambio y, ni el poder de la elite chilena, ni la desigualdad se han mantenido constantes a lo largo del tiempo (Gráfico 1). La misma soberbia de la aristocracia que gobernó al país durante la República Oligárquica -entre 1890 y 1920- alimentó el descontento social, primero entre los obreros –fue entonces que se produjo la masacre de Iquique- y luego de los sectores medios –especialmente a partir de 1914. De la alianza entre ambos sectores surgió el Frente Popular, una coalición de partidos de centro-izquierda que, con distintos nombres, gobernó el país entre 1939 y 1952, período durante el cual se aplicaron un conjunto de políticas redistributivas –dirigidas principalmente en beneficio de los sectores medios- que habrían reducido la desigualdad de ingreso. Luego de un impasse en los años cincuenta, el impulso redistributivo adquirió fuerza con la victoria del Partido Demócrata Cristiano en 1964 –cuando se avanzó, por ejemplo, en la reforma agraria y la sindicalización campesina- y, como es sabido, con el intento de construir el socialismo en democracia que liderara Salvador Allende entre 1970 y 1973. Así, en los treinta años que anteceden al derrocamiento del presidente socialista, el país se había embarcado, más allá de retrocesos puntuales, en un sendero de transformación cada vez más radical que se proponía terminar con el estado de situación que describiera Eduardo Matte a fines del siglo XIX.

Gráfico 1: Distribución personal del ingreso en Chile, 1850-2009

gráfico gini chile

Fuente: Rodríguez Weber 2014, Cuadro AE 1

El giro redistributivo tomado por la mayoría de la sociedad y del sistema político chileno fue terminado de cuajo luego de que la Fuerza Aérea de Chile bombardeara el palacio presidencial el 11 de setiembre de 1973. El golpe no fue en vano y bajo el mismo se produjo un proceso que raramente se observa: un cambio profundo y rápido en la distribución del ingreso. Mientras la represión, el desempleo y la inflación reducían los ingresos de la inmensa mayoría de la población; la corrupción, las privatizaciones y las nuevas reglas laborales facilitaban el enriquecimiento de la elite. Como consecuencia, de la dictadura surgió una elite poderosa, capaz de impedir los tímidos intentos redistributivos de los gobiernos democráticos. Lo ocurrido con la reforma laboral es sintomático a este respecto. La dictadura dejó un régimen legal ideado para debilitar la posición negociadora de los trabajadores. Su reforma fue una promesa explícita de socialistas y democristianos de cara a la primera elección democrática –en la que triunfarían- pero poco hicieron en este sentido. El Presidente Frei lo intentó, pero careció de las mayorías parlamentarias necesarias –en parte por la oposición de legisladores de su partido, la Democracia Cristiana. La reforma laboral volvió a tomar impulso con la victoria de Ricardo Lagos quien reiteró en varias oportunidades que la concretaría en los primeros cien días de gobierno. Sin embargo, una reunión con siete empresarios que le plantearon sus preocupaciones al respecto acabó con sus intenciones.

Hoy gobiernan Chile los mismos partidos que entre 1940 y 1973 desarrollaron un conjunto de políticas redistributivas, pero que renunciaron a hacerlo entre 1990 y 2009. Sin embargo y al igual que en las primeras décadas del siglo XX, la movilización social ha generado una realidad política que pone a la desigualdad en el centro de la agenda. Sabemos quiénes son hoy los dueños de Chile, los mismos que identificara uno de ellos, Eduardo Matte, hace más de un siglo. En qué medida lo seguirán siendo en el futuro, permanece en duda.

[1] The next Chile, The Economist, 1º de febrero de 2007, disponible en http://www.economist.com/node/8636271

[2] El índice de Gini -el indicador más utilizado para medir distribución del ingreso- puede asumir valores entre 0 y 1. Mayores valores indican mayor desigualdad. Sin embargo, los valores efectivamente observados fluctúan dentro de un rango mucho menor. Así, en el citado informe, el menor valor observado fue de 0,250 mientras el mayor fue de 0,658. En el caso de Chile es de 0,521, en el de Uruguay 0,453 –lo que lo deja en el lugar nº 37- mientras el promedio para los 134 países era de 0,404 (PNUD,  Informe de Desarrollo Humano 2010: Cuadro 3).

[3] Según la lista que publica anualmente Forbes, en 2013 había 12 chilenos entre las 1000 personas más ricas del mundo. Su riqueza total equivalía al 22% del PIB de ese país. Ello lo ubica en el 8º lugar –o 5º si quitamos a los tres países con un PIB inferior a 10.000 millones de dólares: Kitts and Nevis, Swazilandia y Mónaco.

[4] Se trata de una tesis antigua que ha adquirido renovado vigor en los últimos años. Ver De Ferranti et al. 2004 “Desigualdad en América Latina y el Caribe ¿ruptura con la historia?”, Banco Mundial.

[5] El siguiente análisis del rol histórico de la desigualdad en Chile se basa en la investigación desarrollada en el marco de mi tesis doctoral: La economía política de la desigualdad de ingreso en Chile, 1850-2009.

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Por si no vieron este enlace… El debate Boudreaux – McCloskey a pleno

http://oll.libertyfund.org/pages/mccloskey

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Book Presentation: The Economic Development of Latin America Since Independence (New York, January 31st, 2013)

Hello to you all. Here’s my first contribution to the EH bar, with due apologies to Sebastián for the lagged publication. Hope you enjoy it!

Measuring Clio

Photography by Manuel A. Bautista Gonzalez.

It has been well over a year of the presentation of “The Economic Development of Latin America Since Independence,” held at Columbia University in the City of New York, with the participation of José Antonio Ocampo (co-author, SIPA/Columbia), Alan Dye (Barnard College) and John H. Coatsworth (Columbia University), moderated by Pablo Piccato in Columbia University in the City of New York, on January 31, 2013.

I am biased to believe the contents of the book presentation are still relevant. I post this transcript to pay a debt to my Uruguayan friend and colleague Sebastián Fleitas (University of Arizona), who aided Luis Bértola and José Antonio Ocampo as a research assistant for this book. The transcript would certainly benefit from (even) more editing. But as it happens most frequently in grad school, I lack the time to do that. Without further ado, here’s the baby with a birth…

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Antes de Reagan: O surgimento do monetarismo na política da década de 1960.

Economist december 7 1963 Cover

 

Para ganhar notoriedade pública, um economista não pode ser apenas um acadêmico. Assim como Keynes, Milton Friedman compreendeu a importância de disseminar suas ideias fora da academia e se transformou em uma figura política central no período do pós-guerra. O objetivo desse ensaio é relacionar a aceitação das ideias de Friedman, especialmente o Monetarismo, a sua maior participação política a partir da década de 1960. A pesquisa foi centrada nos Arquivos Históricos do New York Times, principal jornal de âmbito nacional, entre 1930 e 1965.

Apesar da eleição de Ronald Reagan em 1980 ser normalmente considerada o marco das políticas defendidas por Friedman, suas ideias popularizaram-se durante a disputa à presidência de 1964, através do candidato Republicano Barry Goldwater. A participação de Friedman na sua equipe econômica ocorreu após o lançamento de dois livros que o colocaram na esfera pública: Capitalismo e Liberdade de 1962 e História Monetária dos Estados Unidos, de 1963.

Citações sobre Milton Friedman: 1945-1990 (Ngram)

MF

No meio acadêmico, Friedman obteve reconhecimento desde o início da sua carreira. Entrou na Rutgers University com 16 anos em 1928 e terminou em 1932, onde foi prontamente aceito para os estudos de pós-graduação na Universidade de Chicago. Sua primeira menção no New York Times ocorre justamente em uma lista de menção honrosa aos formandos de junho de 1932 (NYT, 11/06/1932). Com um financiamento da Social Sciences Research Council, em 1935, Friedman obteve seu primeiro trabalho em Washigton, no National Resources Committee, em pesquisas relacionadas ao New Deal (Hammond, D. Milton Friedman. Econ Journal Watch. Volume 10, Issue 3, September 2013. NYT, 29/04/1935). Em 1937, ele foi para o NBER trabalhar com Simon Kuznets no que seria seu primeiro trabalho de impacto, uma estimativa sobre diferenças salariais entre diferentes grupos profissionais. As diferenças salariais foram atribuídas a “restrições de entrada” deliberadas para manter o salário alto, especialmente em relação à profissão médica (NYT, 05/02/1939). A importância desse período no NBER também veio do trabalho com Anna J. Schwartz, que resultaria no livro sobre a história monetária dos EUA.

Como professor da Universidade de Chicago a partir de 1946, Friedman começou a aparecer mais ativamente no debate público, participando de programas de rádio com Theodore Schultz (Round Table: “Rich Man. Poor Man.” Theodore W. Schultz, Milton Friedman, Louis Virth – WNBC. December 22, 1946.) e de comitês defendendo o ensino de estatística no ensino primário junto com Harold Hotelling (Statistics Urged as Liberal Study” (NYT, 05/09/1947). No entanto, o tópico de maior importância no período do pós-guerra era a inflação. Friedman em 1946 havia publicado com George Stigler, quando ambos ainda estavam na Universidade de Minnesota, uma crítica ao congelamento dos aluguéis efetuado pelo governo. Eles defendiam a ideia que o congelamento de preços iria piorar a oferta de moradias e prejudicar a população mais pobre (Friedman, M; Stigler, G. Roofs or Ceilings? The Current Housing Problem. Popular Essays on Current Problems. Vol.1, n.2 Sep, 1946). Em 1948, com a proposta de um maior controle de preços feita pelo Presidente Truman, Friedman enviou junto com outros professores na Universidade de Chicago, como Frank Knight e Aaron Director,  uma carta ao editor do New York Times defendendo que os controles não funcionariam. A solução para a inflação viria com o controle da oferta de moeda: “Variations in the general price level and wage level are in the main determined by variations in the quantity of money” (NYT, 11/01/1948).

A popularidade de Friedman continuou ao longo da década de 1950. Em 1958, ele participou de um programa de televisão chamado “The Great Challenge”, com outros cinco economistas, incluindo John Kenneth Galbraith, para debater os problemas enfrentados pela economia norte-americana (NYT 24/03/1958). Enquanto a influência de Friedman crescia suas ideias ainda encontravam resistência dentro do governo. A eleição de John F. Kennedy em 1961 e sua proposta de aumentar os gastos do governo federal em programas sociais, como moradias populares e planos de saúde para idosos, gerou protestos de organizações que defendiam austeridade nas contas públicas. Entre elas, a Câmara do Comércio dos Estados Unidos, que chamou Friedman para debater com membros do partido democrata e criticar as propostas de Kennedy (NYT 04/05/1961). Como forma de popularizar suas ideias entre o público não acadêmico, e assim conseguir maior legitimação política, em 1962, a Universidade de Chicago criou um comitê, chamado de Free Society, para traduzir estudos econômicos para o “inglês coloquial”. Segundo Friedman, no lançamento do comitê:

“Much of the best of analysis relevant to policy in a free society is highly technical. […] The idea of this project is to see whether it is possible to arrange for cooperation between the authors of such articles and competent professional writers to produce a series of articles that would be placed in outlets of quasi-popular appeal.” NYT 23/04/1964.

Essa tentativa de influenciar o debate público por parte da Universidade de Chicago encontrou um período de aumento na radicalização política nos Estados Unidos, como o debate sobre o Civil Rights Act e o assassinato do Presidente Kennedy em 1963. Devido à crescente polarização partidária, durante o início da década de 1960 surge um movimento conservador dentro do Partido Republicano. Apesar de inicialmente ser considerada uma “revolta pseudoconservadora”, ou caracterizados pela mídia como um grupo de “nut cases”, esses republicanos conseguiram em pouco tempo reunir diferentes grupos conservadores e, de uma forma surpreendente, assegurar a candidatura de 1963 do Senador Barry Goldwater, defensor de políticas “libertárias”, para a presidência da República (Brennan, Mary C. Turning right in the sixties: the conservative capture of the GOP. The University of North Carolina Press, 1995).

Sendo uma pessoa com pouca educação e que se declarava publicamente contra a ideia de utilizar consultores para os mais diversos assuntos (uma crítica à equipe de acadêmicos de Kennedy), Goldwater era visto com desdém pela elite intelectual do país. Segundo John Kenneth Galbraith: “Just fromreading Goldwater’s speeches, I can’t think of a man who needs professors more.” (NYT, 31/03/1964). No entanto, após vencer as primárias do Partido Republicano e ser o nomeado para concorrer à presidência, Goldwater montou uma equipe de acadêmicos das mais diversas áreas. Entre eles, destacava-se o “importante economista não keynesiano”, Milton Friedman, que se tornou o mentor do plano econômico de Goldwater. Dentre as propostas do plano, destacava-se a expansão da oferta monetária a uma taxa constante e o fim da taxa de câmbio fixa, dois pilares do monetarismo que seriam efetivamente adotados na década de 1980 (Albert Kraus. “Views of Chicago Educator Admired by Goldwater” (NYT, 26/07/1964). A mudança de política econômica dos republicanos conservadores fica evidente quando muitos economistas do partido, que serviram durante o governo de Eisenhower, se recusaram à apoiar as políticas de Goldwater (Republican Economists Split on Goldwater, NYT, 31/07/1964). Friedman já era visto como um “monetarista genial”, que tinha se tornado crescentemente mais ativo na política devido a sua “obrigação de auxiliar a esclarecer o debate” (A Talk With a Goldwater Man (NYT, 03/10/1964).

Mesmo tendo perdido as eleições devido as suas “posições políticas altamente impopulares”, a campanha de 1964 colocou em evidência a já chamada “Escola de Chicago”. Em um período em que a maioria dos economistas acadêmicos era Democrata, a candidatura de Goldwater estabeleceu as bases para o chamado movimento conservador da década de 1980. Além do de conservadores como Ayn Rand, Goldwater obteve apoio do futuro governador da Califórnia em 1966, Ronald Reagan (Jones, D. S. Masters of the Universe. Hayek, Friedman and the Birth of Neoliberal Politics. Princeton U. Press, 2012).

Com a ineficácia das políticas keynesianas para controlar a inflação e retomar o crescimento durante a década de 1970, as ideias de Friedman tornaram-se a alternativa utilizada nas políticas econômicas durante o governo Reagan. A proeminência do Monetarismo fora da academia teve que esperar o momento político certo.

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by | April 9, 2014 · 12:10 am